
El cáncer es una enfermedad terrible. He podido ver los efectos devastadores que ha ocasionado en personas allegadas y sé que nadie, absolutamente nadie, desea tener que lidiar con él. Por naturaleza los seres humanos tendemos a solidarizarnos de inmediato con todos aquellos que lo padecen. O bueno, con casi todos.
Fujimori tiene cáncer. Además de estar privado de su libertad y de contar con una avanzada edad tiene que enfrentar esta enfermedad.
En la campaña presidencial uno de los temas candentes fue el del indulto al ex presidente. En ese momento, tanto Keiko como Ollanta aseguraron que no se daría. En el caso de Keiko pues era obvio que sólo trataba de salir del paso ante una pregunta incómoda mientras que en el de Ollanta era obvio que hablaba en serio pues sus nuevos aliados eran todos los que se habían enfrentado a la dictadura de Fujimori (Toledo, MVLL, entre otros).
El tiempo, alquimista de las verdades absolutas, demostró su poder y ahora tenemos a Keiko aceptando abiertamente que ha llegado el momento de evaluar la solicitud de un indulto por razones humanitarias, y de otro lado, tenemos a nuestro actual Presidente que se debate entre lo que dijo que no haría y la posibilidad de tener un poderoso aliado en el Congreso (que le daría la mayoría).
Cabe resaltar que las razones humanitarias son precisamente el motivo por el que muchos quisieran que el polémico ex mandatario sufriera lo indecible en prisión y que allí sea donde termine sus días. Sin lugar a dudas que los casos más sonados fueron los de La Cantuta y Barrios Altos y parece que seguirán pasándole la factura por siempre.
Hace poco conversaba con una amiga sobre el grupo Colina y el terrorismo de Estado. En esa oportunidad le recalqué que era importante analizar la situación en su espacio-tiempo. Recordemos que estábamos en guerra. Por más que muchos recién se enteraron de eso al ocurrir el atentado en Tarata pues la verdad es que desde hacía años que el terrorismo estaba desangrando al país en las provincias y en los conos de la capital.
La guerra es la peor atrocidad a la que puede llegar el hombre, es renunciar abiertamente a todo aquello que nos separa de los animales. En una guerra no hay guante blanco. En ese contexto, nació el grupo Colina. Un grupo de élite destinado a ser el arma impune de un Estado al que se le obligaba a respetar las reglas mientras que el rival operaba con total libertad. Si se quería ganar había que romper las reglas y dejar de lado el guante blanco (*).
Es fácil, ahora que la guerra se gano cuestionar el cómo se hizo. Sería importante preguntarnos que hubiera pasado de no haberla ganado. Para unos el fin justifica los medios, para otros los medios corrompen el fin.
Al margen de lo que decidan, considero que, ya sea por su edad o por su salud, no tendría problemas si lo dejan en libertad. Creo que es una consideración humanitaria y que debe aplicarse a todos quienes se encuentren en dicha situación (sean ex presidentes o no).
Así que si liberan a Fujimori yo no tendría inconvenientes. Aunque es importante recalcar que yo no perdí a ningún compañero, amigo o familiar a consecuencia de la violencia del Estado ni a manos del grupo Colina. Ningún ser querido o cercano fue torturado ni asesinado por ellos.
Porque de haber sido así quizás no me hubiera interesado ser humanitario con quien no lo fue. Quizás no me importaría el sufrimiento de quien tanto sufrimiento causo.
Quizás.
-.-.-
(*) La violencia del Estado ya se estaba dando al interior del país de la mano del ejército. Los casos de La Cantuta y Barrios Altos fueron los más sonados por haber ocurrido en Lima. De haberse dado en provincias quizás hubieran caído en un impune olvido.